Crítica a postura radical Kantiana
1. Qué es lo que otorga a las acciones un auténtico contenido moral
Nuestras acciones en tanto que son acciones humanas, están por lo general sujetas a motivaciones cuyo motor son nuestras inclinaciones e intereses. Es en el despliegue de estas acciones que se introduce la razón como ente regulador de los hombres para establecer leyes morales que deben gobernar el mundo de la naturaleza (causa-efecto, mundo de los heterónomos) y hacernos libres y autónomos, al poder mediante la razón elegir lo que debe suceder y no lo que sucede le llama Kant buena voluntad. Esta buena volunta produce leyes morales que descansan en 3 formulaciones de imperativos categóricos, una “formal” y universal, una “material” y determinada y una tercera que busca conciliar las 2 anteriores en lo que Kant llama “determinación integral”, volveremos sobre ellas al final del texto.
Una acción para que tenga un auténtico contenido moral, deberá estar motivada por las leyes morales, en suma por la moralidad, que para ser tal, no podrá estar contaminada por otros intereses del mundo de los instintos, la razón deberá elegir el camino sin esperar a cambio nada, la elección de esta moralidad, en tanto que es elegida por nuestra razón o volunta libre y autónoma, será un fin en sí mismo.
Ocurre que en adición a esta acción gobernada por la razón y la moralidad pueden venirse a cumplir algunos deseos, o medios que nos permitan estar más satisfechos y ser tal vez más felices, pero es importante tener en cuenta que esto debe ocurrir en el plano del azar y no como consecuencia buscada intencionalmente al momento de decidir la acción, pues si esto sucediera se habrá perturbado la acción con variables que no están permitidas para los fines morales que buscamos.
Pareciera en principio que la propuesta Kantiana estaría ligada siempre a la constricción de la voluntad, sin embargo no es así, pues justamente una voluntad “sujeta” al respeto a la ley es una voluntad realmente libre, por que la hace autónoma y legisladora mediante la razón práctica.
En el planteamiento filosófico de Kant, se debe tener en cuenta que no es suficiente actuar conforme a la ley, si no con el convencimiento que nuestra razón nos da de que lo que estamos haciendo es bueno en si mismo y no esperamos nada a cambio como recompensa.
Es decir, si yo no robo por que eso me puede ocasionar ser juzgado e ir a la cárcel, no estaría actuando necesariamente moralmente, en cambio si yo no robo por que mi razón me dicta la ley moral de que no debo hacerlo por que no es bueno hacerlo estaré pues en el terreno de la moralidad, estaré actuando con un contenido moral pleno y auténtico.
En cuanto a las 3 formulaciones de imperativos categóricos o imperativos morales que son lo que utilizamos cuando hacemos verdadero ejercicio de la buena voluntad (el “formal” que conceptualiza y propone la universalización de la ley, el “material” que determina y revindica al hombre como “fin en sí mismo” y la tercera formulación “determinación integral” que plantea un reino de los fines y que pretende conciliar los 2 anteriores); tiene todo esto un extraordinaria semejanza al pensamiento dialéctico de Hegel cuando nos plantea los 3 momentos de la voluntad libre (1. Indeterminación abstracta, 2. Determinación, 3. Particularidad universal), lo cual sólo hace más sólida la propuesta kantiana referente a la buena voluntad y moralidad.
2. En qué reside y en que se fundamenta el respeto a las personas según Kant.
Empecemos citando 2 de las 3 formulaciones de los imperativos categóricos Kantianos, en donde podremos encontrar respuesta a esta pregunta.
Ø El ser racional debe servir como fin por su naturaleza y, por tanto, como fin en sí mismo.
Ø Todas las máximas, por propia legislación, deben concordar en un reino posible de los fines.
El respeto a las personas tiene su piedra angular en el hecho que no debemos nunca tratar a las personas como simples medios para alcanzar algún objetivo particular, si esto hiciéramos estaríamos actuando fuera del terreno de la moralidad.
De acá surge entonces la interrogante, de cómo poder lograr alcanzar determinados fines si para ello muchas veces requerimos de las personas, y es que lo que debemos hacer es asegurarnos que las personas ejercen la acción en un ambiente propicio para su voluntad libre.
Así mismo el rol que desempeñamos nosotros bajo el gobierno de nuestra razón y moralidad, es un rol que busca el beneficio de todos los que participan en la acción, pues el sólo hecho de tener a una persona que no es para nosotros un fin en si misma si no más bien un medio para el beneficio de la mayoría contaminaría toda la acción, que busca justamente el respeto y dignidad de todos sin excepción.
Utilizar a otro es tratarle como cosa o instrumento y no como agente. Según la formulación de Kant, el utilizar a otro no es simplemente cuestión de hacer algo que el otro en realidad no quiere o consiente, sino de hacer algo a lo cual el otro no puede dar su consentimiento
La tesis de Kant es que los principios que debemos adoptar para no utilizar a los demás serán los principios mismos de justicia que se identificaron al considerar qué principios son universalizables para los seres racionales.
Por otro lado, es claro que no podemos ni ayudar a todas las personas necesitadas, ni desplegar todos los talentos posibles. Sin embargo, podemos rechazar que la indiferencia de cualquiera de ambos tipos sea fundamental en nuestra vida, y podemos hallar que el rechazo de la indiferencia por principio exige mucho. Incluso un compromiso de esta naturaleza, tomado en serio, exigirá mucho. Si lo cumplimos, según la concepción Kantiana habremos mostrado respeto hacia las personas y en especial a la dignidad humana.
En la formulación de la “Determinación Integral” llamada también el “Reino de los fines” en el que cada persona es a la vez legisladora y está sujeta a la ley, en el que cada cual es autónomo o que se legisla a sí mismo con la condición de que lo legislado “RESPETE” el estatus IGUAL de los demás como «legisladores», para Kant, así cómo para Rousseau, consiste en tener el tipo de autocontrol que tiene en cuenta el IGUAL estatus moral de los demás.
El respeto entre las personas, en resumen es pues hacer que los fines de uno sean al mismo tiempo los fines de todas las personas, y el ideal Kantiano que lo sostiene trae un mensaje guardado de igualdad entre dichas personas, pues independientemente de la nacionalidad, del color de la piel, del estatus social, del nivel de estudios, de la edad y condición, desde el feto en las entrañas de la madre hasta el enfermo terminal en una UCI, cada una de estas personas, sea pobre o rica, sabia o ignorante, es acreedora de un respeto absoluto por parte de todos los demás.
Nuestras acciones en tanto que son acciones humanas, están por lo general sujetas a motivaciones cuyo motor son nuestras inclinaciones e intereses. Es en el despliegue de estas acciones que se introduce la razón como ente regulador de los hombres para establecer leyes morales que deben gobernar el mundo de la naturaleza (causa-efecto, mundo de los heterónomos) y hacernos libres y autónomos, al poder mediante la razón elegir lo que debe suceder y no lo que sucede le llama Kant buena voluntad. Esta buena volunta produce leyes morales que descansan en 3 formulaciones de imperativos categóricos, una “formal” y universal, una “material” y determinada y una tercera que busca conciliar las 2 anteriores en lo que Kant llama “determinación integral”, volveremos sobre ellas al final del texto.
Una acción para que tenga un auténtico contenido moral, deberá estar motivada por las leyes morales, en suma por la moralidad, que para ser tal, no podrá estar contaminada por otros intereses del mundo de los instintos, la razón deberá elegir el camino sin esperar a cambio nada, la elección de esta moralidad, en tanto que es elegida por nuestra razón o volunta libre y autónoma, será un fin en sí mismo.
Ocurre que en adición a esta acción gobernada por la razón y la moralidad pueden venirse a cumplir algunos deseos, o medios que nos permitan estar más satisfechos y ser tal vez más felices, pero es importante tener en cuenta que esto debe ocurrir en el plano del azar y no como consecuencia buscada intencionalmente al momento de decidir la acción, pues si esto sucediera se habrá perturbado la acción con variables que no están permitidas para los fines morales que buscamos.
Pareciera en principio que la propuesta Kantiana estaría ligada siempre a la constricción de la voluntad, sin embargo no es así, pues justamente una voluntad “sujeta” al respeto a la ley es una voluntad realmente libre, por que la hace autónoma y legisladora mediante la razón práctica.
En el planteamiento filosófico de Kant, se debe tener en cuenta que no es suficiente actuar conforme a la ley, si no con el convencimiento que nuestra razón nos da de que lo que estamos haciendo es bueno en si mismo y no esperamos nada a cambio como recompensa.
Es decir, si yo no robo por que eso me puede ocasionar ser juzgado e ir a la cárcel, no estaría actuando necesariamente moralmente, en cambio si yo no robo por que mi razón me dicta la ley moral de que no debo hacerlo por que no es bueno hacerlo estaré pues en el terreno de la moralidad, estaré actuando con un contenido moral pleno y auténtico.
En cuanto a las 3 formulaciones de imperativos categóricos o imperativos morales que son lo que utilizamos cuando hacemos verdadero ejercicio de la buena voluntad (el “formal” que conceptualiza y propone la universalización de la ley, el “material” que determina y revindica al hombre como “fin en sí mismo” y la tercera formulación “determinación integral” que plantea un reino de los fines y que pretende conciliar los 2 anteriores); tiene todo esto un extraordinaria semejanza al pensamiento dialéctico de Hegel cuando nos plantea los 3 momentos de la voluntad libre (1. Indeterminación abstracta, 2. Determinación, 3. Particularidad universal), lo cual sólo hace más sólida la propuesta kantiana referente a la buena voluntad y moralidad.
2. En qué reside y en que se fundamenta el respeto a las personas según Kant.
Empecemos citando 2 de las 3 formulaciones de los imperativos categóricos Kantianos, en donde podremos encontrar respuesta a esta pregunta.
Ø El ser racional debe servir como fin por su naturaleza y, por tanto, como fin en sí mismo.
Ø Todas las máximas, por propia legislación, deben concordar en un reino posible de los fines.
El respeto a las personas tiene su piedra angular en el hecho que no debemos nunca tratar a las personas como simples medios para alcanzar algún objetivo particular, si esto hiciéramos estaríamos actuando fuera del terreno de la moralidad.
De acá surge entonces la interrogante, de cómo poder lograr alcanzar determinados fines si para ello muchas veces requerimos de las personas, y es que lo que debemos hacer es asegurarnos que las personas ejercen la acción en un ambiente propicio para su voluntad libre.
Así mismo el rol que desempeñamos nosotros bajo el gobierno de nuestra razón y moralidad, es un rol que busca el beneficio de todos los que participan en la acción, pues el sólo hecho de tener a una persona que no es para nosotros un fin en si misma si no más bien un medio para el beneficio de la mayoría contaminaría toda la acción, que busca justamente el respeto y dignidad de todos sin excepción.
Utilizar a otro es tratarle como cosa o instrumento y no como agente. Según la formulación de Kant, el utilizar a otro no es simplemente cuestión de hacer algo que el otro en realidad no quiere o consiente, sino de hacer algo a lo cual el otro no puede dar su consentimiento
La tesis de Kant es que los principios que debemos adoptar para no utilizar a los demás serán los principios mismos de justicia que se identificaron al considerar qué principios son universalizables para los seres racionales.
Por otro lado, es claro que no podemos ni ayudar a todas las personas necesitadas, ni desplegar todos los talentos posibles. Sin embargo, podemos rechazar que la indiferencia de cualquiera de ambos tipos sea fundamental en nuestra vida, y podemos hallar que el rechazo de la indiferencia por principio exige mucho. Incluso un compromiso de esta naturaleza, tomado en serio, exigirá mucho. Si lo cumplimos, según la concepción Kantiana habremos mostrado respeto hacia las personas y en especial a la dignidad humana.
En la formulación de la “Determinación Integral” llamada también el “Reino de los fines” en el que cada persona es a la vez legisladora y está sujeta a la ley, en el que cada cual es autónomo o que se legisla a sí mismo con la condición de que lo legislado “RESPETE” el estatus IGUAL de los demás como «legisladores», para Kant, así cómo para Rousseau, consiste en tener el tipo de autocontrol que tiene en cuenta el IGUAL estatus moral de los demás.
El respeto entre las personas, en resumen es pues hacer que los fines de uno sean al mismo tiempo los fines de todas las personas, y el ideal Kantiano que lo sostiene trae un mensaje guardado de igualdad entre dichas personas, pues independientemente de la nacionalidad, del color de la piel, del estatus social, del nivel de estudios, de la edad y condición, desde el feto en las entrañas de la madre hasta el enfermo terminal en una UCI, cada una de estas personas, sea pobre o rica, sabia o ignorante, es acreedora de un respeto absoluto por parte de todos los demás.
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